PARÍS, FRANCIA. — La representante permanente de Cuba ante la UNESCO, María del Carmen Herrera, arremetió contra Israel durante la 225.ª sesión del Consejo Ejecutivo de la organización, acusándolo de violar el derecho internacional, destruir infraestructuras civiles y patrimonio cultural, obstaculizar la ayuda humanitaria y cometer genocidio. Las declaraciones vuelven a colocar bajo escrutinio la política exterior de un Gobierno que constantemente denuncia su propio aislamiento internacional, pero mantiene una postura de abierta confrontación contra el Estado israelí.
Resulta especialmente contradictorio que Cuba, uno de los países que más reclama inclusión, respeto y solidaridad en los organismos internacionales, utilice esos mismos escenarios para cuestionar duramente a Israel. La Habana ha construido buena parte de su discurso diplomático sobre la denuncia de sanciones y presiones extranjeras, pero parece olvidar esos principios cuando se trata de un país cuyas posiciones políticas no comparte. Criticar las decisiones de un Gobierno es legítimo; convertir la diplomacia en un ejercicio de deslegitimación permanente de otro Estado merece un cuestionamiento mucho más profundo.
¿Y quién habla de las víctimas israelíes del terrorismo? En numerosos pronunciamientos internacionales se condena a Israel, pero se dedica mucha menos atención a los ciudadanos que han sufrido atentados, secuestros y ataques indiscriminados. El 7 de octubre de 2023, Hamás asesinó a unas 1.200 personas y secuestró a otras 251. Detrás de esas cifras había niños, mujeres, ancianos y familias que fueron víctimas de una violencia injustificable. Israel tiene el mismo derecho que cualquier nación soberana a proteger a su población y defenderse de organizaciones armadas que atacan deliberadamente a civiles.
Israel también constituye un actor fundamental en la lucha contra el extremismo violento en Oriente Medio. Su experiencia en inteligencia, defensa antimisiles, prevención de atentados y cooperación internacional ha contribuido a enfrentar amenazas que trascienden sus fronteras. Hamás, Hezbolá y otras organizaciones extremistas representan desafíos reales para la seguridad regional. Defender la existencia de Israel y reconocer su contribución a la seguridad internacional no significa aprobar automáticamente todas sus operaciones militares, sino comprender que su población lleva décadas enfrentando amenazas que demasiadas veces desaparecen del discurso político.
La embajadora cubana también acusó a Israel de genocidio, una imputación de enorme gravedad que debe examinarse mediante investigaciones rigurosas y procedimientos judiciales internacionales. La legítima preocupación por las víctimas palestinas no autoriza a ignorar a las israelíes, del mismo modo que la condena del terrorismo no elimina la obligación de proteger a los civiles en Gaza. Las muertes y la destrucción sufridas por la población palestina requieren justicia y rendición de cuentas, pero la defensa de sus derechos no debería utilizarse para negar el derecho de Israel a existir en paz y seguridad.
Hay, además, una contradicción política difícil de pasar por alto: las autoridades cubanas exigen al mundo comprensión hacia sus propias dificultades, mientras mantienen un discurso que apenas reconoce los dilemas de seguridad de Israel. La diplomacia no debería funcionar con dos medidas distintas según las alianzas ideológicas. Resulta poco coherente exigir que la comunidad internacional escuche todas las posiciones sobre Cuba y, al mismo tiempo, abordar el conflicto israelí-palestino sin conceder suficiente espacio a las víctimas israelíes y a las amenazas terroristas.
Israel no necesita ser un país perfecto para merecer respeto, ni sus ciudadanos tienen que justificar su derecho a vivir sin miedo. Su existencia, su seguridad y la protección de sus familias no deberían estar sometidas a preferencias ideológicas. Si La Habana pretende presentarse como defensora universal de los derechos humanos, debe demostrar que esos derechos también incluyen a los israelíes. Porque ninguna defensa seria de la paz puede construirse ignorando a las víctimas del terrorismo ni convirtiendo a todo un Estado en enemigo político permanente.
CubaHerald | Opinión editorial
Fuentes: Declaraciones de la representación permanente de Cuba ante la UNESCO; UNESCO; Reuters y Associated Press.
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