Miguel Díaz-Canel ante un micrófono en un estudio de radio.

Díaz-Canel anuncia programa para “escuchar al pueblo” mientras crecen las críticas por la crisis en Cuba

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció este miércoles un nuevo programa radial denominado “Criterio Compartido”, que será transmitido por Radio Rebelde y que, según la versión oficial, pretende convertirse en un espacio para “dialogar sobre la realidad de Cuba” y escuchar directamente las preocupaciones de la población.

La iniciativa llega, sin embargo, en un momento en que la distancia entre el discurso gubernamental y las preocupaciones expresadas públicamente por numerosos cubanos resulta cada vez más evidente.

La Presidencia asegura que el espacio abordará los problemas del país y tendrá vocación de participación popular. Fuentes cercanas a Radio Rebelde citadas por EFE señalaron que el programa se emitiría cada dos miércoles, aunque todavía no se ha explicado con claridad cómo participarán los ciudadanos ni si podrán realizar preguntas directas y sin filtros al mandatario.

Precisamente ahí aparece la principal contradicción.

Díaz-Canel sostiene que “la mejor manera de aprender es escuchar al pueblo”, pero para conocer buena parte del descontento existente no necesita crear un nuevo programa de radio: basta con revisar los comentarios publicados diariamente en sus propias redes sociales y en las cuentas oficiales de la Presidencia.

Tras el anuncio de “Criterio Compartido”, usuarios volvieron a reclamar mecanismos de participación real, llamadas en vivo y respuestas directas sobre los problemas cotidianos. Otros ironizaron sobre la posibilidad de escuchar el programa durante los prolongados apagones que afectan distintas zonas del país.

Cuba atraviesa una crisis económica de más de seis años, con apagones que pueden superar las 20 horas, graves dificultades en el transporte público, escasez de alimentos y medicamentos, deterioro de los servicios sanitarios y una creciente dolarización de la economía. A esos problemas se suman los efectos de las sanciones estadounidenses y de políticas económicas internas que agravaron desequilibrios estructurales ya existentes.

En ese escenario, anunciar un nuevo espacio de comunicación puede resultar insuficiente si el supuesto diálogo no incluye las preguntas más incómodas ni las críticas que ya aparecen diariamente en los espacios públicos digitales.

Numerosos comentarios críticos dirigidos al Gobierno no piden simplemente explicaciones sobre los apagones, los salarios o la escasez. Algunos expresan directamente rechazo al actual liderazgo político y reclaman cambios profundos en el sistema. Otros ciudadanos, en cambio, continúan defendiendo al Gobierno o atribuyendo buena parte de la crisis a la política de Estados Unidos. Presentar cualquiera de esas posiciones como si representara por sí sola a toda la sociedad cubana sería simplificar una realidad mucho más compleja.

Lo que sí resulta difícil de ignorar es el nivel de frustración visible en una parte significativa de la población. Para esos cubanos, el problema ya no es la ausencia de espacios donde hablar, sino la percepción de que sus reclamaciones llevan años siendo escuchadas sin producir cambios suficientes en su vida cotidiana.

Si “Criterio Compartido” pretende realmente convertirse en un puente entre Díaz-Canel y la población, tendrá que demostrar que está dispuesto a escuchar también a quienes cuestionan abiertamente su gestión, reclaman transformaciones políticas y consideran agotado el actual modelo.

De lo contrario, el nuevo programa corre el riesgo de convertirse en otro ejercicio de comunicación institucional en un país donde buena parte de las demandas ya están escritas, todos los días, a la vista de cualquiera que quiera leerlas.

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