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Díaz-Canel endurece su discurso tras lo ocurrido en Venezuela

Miguel Díaz-Canel elevó nuevamente el tono contra Estados Unidos al afirmar que Cuba no teme una agresión militar y que se prepara para no ser “sorprendida ni derrotada”, en un mensaje que llega después de los acontecimientos en Venezuela y en medio de una creciente tensión regional.

El gobernante cubano aseguró que la isla no desea una guerra, pero insistió en que sus estructuras políticas y militares están listas para enfrentar cualquier escenario. “No queremos la guerra, pero no le tenemos miedo”, dijo en declaraciones recogidas por medios oficiales cubanos, donde también defendió que el país debe prepararse para que no haya “sorpresa” ni “derrota”.

El mensaje forma parte de una retórica cada vez más beligerante de La Habana, que ha utilizado la crisis venezolana como advertencia interna y como argumento para reforzar el discurso de plaza sitiada. Díaz-Canel también afirmó que los comunistas cubanos están dispuestos a defender su proyecto político “hasta la última gota de sangre”, una frase que reproduce el lenguaje épico y militarizado con el que el poder cubano suele responder a momentos de presión externa.

Las declaraciones se producen en un contexto delicado para Cuba, golpeada por apagones prolongados, escasez de alimentos, deterioro del transporte, falta de combustible y un creciente malestar social. Mientras millones de cubanos enfrentan una crisis diaria de supervivencia, el Gobierno vuelve a colocar el foco en una posible confrontación con Washington, una estrategia que históricamente ha servido para cohesionar a sus bases y desviar parte de la presión política interna.

La tensión entre La Habana y Washington también se ha agravado por las nuevas sanciones estadounidenses y por el estancamiento del diálogo bilateral. El canciller Bruno Rodríguez afirmó recientemente que las conversaciones con Estados Unidos están paralizadas y acusó a Washington de mantener una política de presión económica, mientras la administración Trump ha endurecido medidas que afectan sectores estratégicos de la economía cubana.

El factor Venezuela pesa de manera evidente en el discurso cubano. Tras la operación estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro en enero, Díaz-Canel denunció lo ocurrido como una violación del derecho internacional y como un acto de “terrorismo de Estado”, según reportó Reuters. Aquella acción encendió alarmas en La Habana, especialmente por la dependencia energética cubana de Venezuela y por el temor a que Washington extendiera su presión hacia otros aliados regionales.

Sin embargo, hasta ahora no existe una confirmación pública de que Estados Unidos esté preparando una acción militar directa contra Cuba. La retórica del Gobierno cubano, por tanto, combina preocupación real por el nuevo escenario regional con una narrativa política que busca presentar cualquier presión externa como una amenaza existencial contra la nación.

Para los cubanos de a pie, el problema es que este tipo de discurso no resuelve la falta de comida, los apagones, el deterioro de los hospitales ni la inseguridad creciente. Al contrario, refuerza la sensación de que el país se mueve entre la crisis económica y una retórica de guerra permanente, mientras la población sigue cargando con el costo de decisiones políticas tomadas desde el poder.

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