Las autoridades cubanas movilizaron brigadas de las Fuerzas Armadas y cadetes de Ciencias Médicas para recoger basura en varios puntos de La Habana, en una operación presentada como ejemplo de disciplina y compromiso. Sin embargo, detrás de la propaganda queda expuesta una realidad mucho más grave: el sistema de recogida de desechos ha colapsado y la crisis se extiende por todo el país.
La publicación difundida por canales oficiales intentó convertir una tarea básica de saneamiento en una escena de épica nacional, con consignas, fotografías cuidadosamente seleccionadas y nuevas referencias al embargo de Estados Unidos. Pero ninguna consigna puede ocultar que la basura lleva meses acumulándose en barrios, avenidas y comunidades enteras por la incapacidad de las instituciones responsables.
La Habana no es una excepción. En Santiago de Cuba, Camagüey, Holguín, Matanzas, Villa Clara y otras provincias, los ciudadanos denuncian vertederos improvisados, contenedores desbordados, calles cubiertas de desperdicios, malos olores, moscas y roedores. Mientras se organiza un operativo visible en la capital, el resto de Cuba continúa abandonado entre montañas de basura.


La entrada de militares y estudiantes en estas labores no representa una solución, sino la confirmación de que los servicios comunales dejaron de cumplir una de sus funciones más elementales. Si para limpiar algunas calles resulta necesario recurrir a las FAR, maquinaria pesada y movilizaciones especiales, entonces el problema no es coyuntural: es el resultado de años de abandono, falta de mantenimiento, mala planificación y uso ineficiente de los recursos públicos.
Las autoridades vuelven a responsabilizar a Estados Unidos por la falta de combustible y equipos, pero evitan explicar por qué los pocos camiones disponibles permanecen averiados, por qué no existen planes estables de recogida, dónde terminan los presupuestos asignados y por qué los trabajadores del sector operan sin condiciones mínimas.
También resulta cuestionable que se movilice a cadetes de Ciencias Médicas para cubrir deficiencias de otro organismo, en momentos en que el sistema sanitario enfrenta falta de personal, medicamentos, insumos y condiciones adecuadas en hospitales y policlínicos.
La basura se ha convertido en una amenaza directa para la salud pública. La acumulación de residuos favorece la proliferación de vectores y aumenta el riesgo de enfermedades, especialmente en un país donde escasean los medicamentos y muchas familias carecen de recursos para enfrentar cualquier emergencia médica.
No basta con limpiar unas calles de La Habana para producir fotografías y titulares oficiales. Se necesita una estrategia nacional, permanente y transparente que llegue a cada municipio. Cuba no puede depender de operativos militares ocasionales para resolver una función elemental que debería garantizarse todos los días.
Mientras las autoridades celebran una jornada puntual en la capital, millones de cubanos siguen conviviendo con vertederos frente a sus casas. La basura no es consecuencia de la falta de voluntad de la población, sino de un sistema de servicios públicos cada vez más deteriorado y de instituciones que reaccionan únicamente cuando la crisis ya resulta imposible de ocultar.
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