El gobierno de Cuba reconoció que las conversaciones con Estados Unidos atraviesan un punto crítico, mientras la Asamblea Nacional advirtió sobre una supuesta “amenaza de agresión militar directa” de Washington. La tensión crece en medio de nuevas sanciones, presión sobre GAESA y una crisis económica cada vez más profunda.
La Habana admitió que los contactos diplomáticos con Washington se encuentran prácticamente paralizados, en uno de los momentos más fríos de la relación bilateral durante los últimos años. La viceministra de Exteriores, Josefina Vidal, señaló que las negociaciones no avanzan y acusó a la Administración de Donald Trump de endurecer su política hacia la isla.
El reconocimiento llega mientras el Parlamento cubano emitió una declaración dirigida a organizaciones internacionales en la que alertó sobre lo que calificó como una “real y peligrosa amenaza de agresión militar directa” por parte de Estados Unidos. La advertencia fue presentada por las autoridades cubanas como parte de una ofensiva diplomática para buscar respaldo externo ante una posible escalada.
Washington, por su parte, ha intensificado en las últimas semanas las medidas contra estructuras vinculadas al poder económico y militar cubano, especialmente GAESA, conglomerado señalado por Estados Unidos como pieza central del aparato financiero controlado por las Fuerzas Armadas. Las sanciones han aumentado la presión sobre sectores clave como el turismo, las operaciones financieras y las empresas estatales relacionadas con divisas.
El gobierno cubano responsabiliza a la política estadounidense del agravamiento de la crisis económica y energética que afecta a la isla, marcada por apagones prolongados, falta de combustible, deterioro de los servicios básicos y una inflación que golpea directamente a la población. Sin embargo, dentro y fuera de Cuba también crecen los cuestionamientos por la falta de reformas internas, la opacidad económica y el peso de los grupos estatales militares en áreas estratégicas.
La nueva tensión coloca nuevamente a la relación entre La Habana y Washington en una fase de alto riesgo político. Aunque no existe una confirmación oficial de una operación militar estadounidense contra Cuba, el lenguaje utilizado por ambas partes evidencia un deterioro acelerado del canal diplomático y un escenario cada vez más incierto para los próximos días.
Para los cubanos, el mayor temor no está solo en una posible confrontación entre gobiernos, sino en que la crisis termine trasladándose otra vez a la vida diaria: más escasez, más apagones, más restricciones y menos margen para una población que ya enfrenta una de las etapas más difíciles de las últimas décadas.
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