El estrecho de Ormuz volvió a situarse en el centro de la tensión internacional este 18 de abril de 2026, tras una serie de eventos contradictorios en apenas 24 horas que incluyeron anuncios de reapertura, advertencias militares y nuevos incidentes armados en la zona.
El viernes, declaraciones desde Irán apuntaban a una posible normalización del tránsito marítimo, lo que generó expectativas de alivio en los mercados internacionales y provocó una caída inmediata en el precio del petróleo. Sin embargo, esa percepción duró pocas horas.
Posteriormente, autoridades iraníes endurecieron su postura, condicionando el paso de embarcaciones a la continuidad de las sanciones y restricciones impuestas por Estados Unidos. En paralelo, Washington reiteró que mantendría su presión sobre los puertos iraníes mientras no se concreten acuerdos más amplios.
En este contexto, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció nuevamente restricciones al tránsito por el estrecho, advirtiendo que cualquier embarcación que se acerque podría ser considerada hostil. La situación se agravó con reportes de disparos contra buques en aguas cercanas a Omán, lo que eleva el riesgo para la navegación comercial.
Las diferencias entre ambas partes siguen siendo profundas, especialmente en torno al programa nuclear iraní y las condiciones para levantar sanciones. Aunque existen señales de contactos diplomáticos en curso, no se ha confirmado un acuerdo concreto ni una extensión del alto el fuego vigente, que expira el 21 de abril.
Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó que las conversaciones avanzan, pero advirtió que no habrá concesiones bajo presión. Mientras tanto, autoridades iraníes han reiterado su disposición a responder con nuevas capacidades militares en caso de una reanudación del conflicto.
El estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial, permanece así en una situación de alta incertidumbre. La volatilidad en la región refleja no solo la fragilidad del actual alto el fuego, sino también el impacto global que podría tener cualquier escalada en uno de los puntos estratégicos más sensibles del planeta.
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