LA HABANA — Mientras millones de cubanos revisan los horarios de apagones para saber cuándo podrán cargar el teléfono, un acontecimiento de enorme trascendencia geopolítica ha irrumpido en el escenario internacional: el barrio habanero de Santos Suárez habría declarado su independencia de Cuba y ya cuenta con su propio monarca.
Según informaciones difundidas en redes sociales, el recién proclamado Príncipe Lázaro Alberto I anunció el nacimiento del Principado de Santos Suárez, una nación que, de acuerdo con sus promotores, aspira a convertirse en el segundo Estado más pequeño del planeta y posiblemente el primero fundado en medio de un apagón.
La independencia habría sido alcanzada tras una «larga guerra de liberación» contra el municipio Diez de Octubre, La Habana y la República de Cuba. Aunque no se reportaron combates, tanques ni declaraciones ante las Naciones Unidas, sí abundaron las publicaciones en redes sociales, que en estos tiempos parecen ser más efectivas que cualquier cancillería.


El flamante soberano no se conformó con un simple título. Además de Príncipe de Santos Suárez, ostenta distinciones tan variadas como Duque Carrodeguas de La Habana y A Coruña, Paladín de Toyo, Caballero de la Orden Teutónica, Rey de los Romanos y Rey de Jerusalén. Algunos observadores señalan que, a este ritmo, pronto podría ser nombrado también Emperador Honorario del Puente de Calzada y Protector Supremo de las Colas del Pollo.
Fuentes no confirmadas indican que el nuevo Estado ya estaría estudiando la emisión de pasaportes, sellos postales y quizás hasta una moneda propia respaldada por el activo más abundante del país: la imaginación.
Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar. Mientras algunos celebraron la iniciativa como una genial obra de humor criollo, otros preguntaron si los habitantes del nuevo principado seguirán recibiendo apagones nacionales o si ahora disfrutarán de apagones soberanos e independientes.
Analistas internacionales consultados por absolutamente nadie consideran que el Principado de Santos Suárez tiene al menos una ventaja sobre muchos Estados reconocidos: todavía no ha tenido tiempo de acumular deuda externa, incumplir promesas electorales ni anunciar una nueva reforma económica.
Por el momento se desconoce si La Habana reconocerá la independencia del territorio o si, por el contrario, esperará a que el nuevo principado solicite combustible, harina, pollo o piezas para las termoeléctricas antes de iniciar conversaciones diplomáticas.
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