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Ni pagando en dólares: cubanos denuncian colas y obstáculos para recibir una balita de gas comprada desde el extranjero

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La experiencia de una cubana residente en el exterior ha vuelto a poner en evidencia las dificultades que enfrentan muchas familias en la Isla incluso cuando los productos son adquiridos y pagados en dólares desde otros países.

Según relató Yanet Pérez en redes sociales, compró una balita de gas licuado a través de la plataforma Supermarket23 por un valor de 32,23 dólares para su madre, residente en Cojímar, La Habana. Sin embargo, la entrega del producto estuvo lejos de ser sencilla.

De acuerdo con su denuncia, la beneficiaria tuvo que trasladarse hasta Alamar para recoger la balita y, una vez en el punto de distribución, enfrentó una extensa cola y varias horas de espera para recibir un artículo que ya había sido pagado previamente desde Estados Unidos.

La situación ha generado numerosas reacciones entre cubanos dentro y fuera de la Isla. Muchos consideran contradictorio que un producto adquirido en moneda fuerte requiera además largas jornadas de espera, desplazamientos y trámites adicionales para poder obtenerlo.

El caso también ha reabierto el debate sobre el costo real del gas licuado para la población. Aunque en esta ocasión la compra se realizó por poco más de 32 dólares, residentes en varias provincias afirman que una balita puede llegar a comercializarse de manera informal por cifras cercanas a los 100 dólares, una cantidad que supera ampliamente los precios observados en numerosos países donde los salarios promedio también se pagan en dólares y son significativamente más altos que los ingresos de la mayoría de los cubanos.

La queja refleja una realidad cada vez más frecuente: disponer de dólares ya no garantiza el acceso rápido a bienes básicos. Las colas, la escasez y los problemas logísticos continúan afectando tanto a quienes viven en Cuba como a los familiares que desde el exterior realizan un considerable esfuerzo económico para ayudar.

En medio de la crisis energética y las dificultades de abastecimiento, el gas licuado se ha convertido en uno de los productos más demandados por los hogares cubanos. La escasez periódica y los retrasos en la distribución han provocado que muchas familias dependan de envíos o compras realizadas desde el extranjero para cocinar y cubrir necesidades básicas.

Mientras continúan acumulándose denuncias similares en redes sociales, numerosos ciudadanos cuestionan la eficiencia de los mecanismos de distribución y se preguntan por qué productos pagados en divisas terminan sometidos a las mismas dificultades que afectan al resto del mercado nacional.

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