LAS TUNAS. — La muerte de un anciano en las inmediaciones del llamado tanque de Buena Vista, en Las Tunas, ha provocado indignación en redes sociales y vuelve a colocar bajo cuestionamiento la situación de vulnerabilidad que enfrentan numerosos adultos mayores en Cuba.
La imagen difundida muestra al hombre sentado en un banco público, visiblemente debilitado. Según la denuncia ciudadana que acompaña la fotografía, falleció posteriormente en esa misma zona. Hasta el momento no se ha informado oficialmente su identidad ni las circunstancias exactas de su muerte.
El caso ha generado una pregunta inevitable: ¿cómo puede terminar un anciano aparentemente desamparado en un espacio público después de décadas de discursos oficiales asegurando que en Cuba nadie quedaría abandonado?

La situación de los adultos mayores se ha deteriorado de manera significativa en medio de la actual crisis económica. Miles de jubilados dependen de pensiones insuficientes frente al alto costo de los alimentos, los medicamentos y otros productos básicos, mientras muchas familias tampoco tienen recursos suficientes para ayudarlos.
A ello se suma el envejecimiento acelerado de la población cubana, la emigración de numerosos jóvenes y el debilitamiento de las redes familiares que tradicionalmente sostenían a los ancianos. Para quienes viven solos o padecen enfermedades, la combinación puede resultar especialmente grave.
Aunque existen programas estatales de asistencia social, hogares de ancianos y mecanismos de atención a personas vulnerables, la realidad que aparece repetidamente en las calles demuestra que esas estructuras no siempre logran llegar a quienes más las necesitan.
Si se confirma que este hombre falleció en condiciones de abandono, las autoridades deberían explicar si recibía algún tipo de asistencia, si los servicios sociales conocían su situación y qué ocurrió antes de su muerte.
La imagen es dolorosa no solo por este caso particular, sino por lo que representa. Un país que presume de justicia social no puede considerar normal que sus ancianos terminen atravesando hambre, soledad, enfermedades o abandono sin una respuesta efectiva.
Más allá de consignas y declaraciones oficiales, la protección de los mayores se mide en algo mucho más concreto: que puedan alimentarse, acceder a medicamentos, recibir atención médica y llegar al final de sus vidas con dignidad.
Fuente: denuncia ciudadana difundida en redes sociales.
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