Hay algo que venimos observando desde hace varias semanas en CubaHerald y que merece una reflexión profunda. Una parte de la sociedad cubana parece haberse acostumbrado tanto al maltrato, a las carencias y a la falta de respuestas de las autoridades, que termina siendo más exigente con quienes denuncian los problemas que con quienes tienen la responsabilidad de resolverlos. Es una contradicción dolorosa: se soportan apagones interminables, escasez, deterioro de los servicios públicos y numerosas injusticias, pero cuando un medio independiente publica una denuncia, algunos concentran toda su indignación en cuestionar al mensajero.
El patrón se repite constantemente. Publicamos una noticia acompañada de una fotografía identificada como imagen de referencia, y aparecen personas que, sin leer el artículo, escriben indignadas: «Eso no es ahí», «esa foto es de otro lugar» o «están mintiendo». Precisamente por eso se indica que la imagen es ilustrativa. Pero parece que para algunos resulta más sencillo atacar una publicación que dedicar unos segundos a comprender lo que están leyendo. La falta de lectura crítica y la costumbre de reaccionar antes de informarse también contribuyen a la desinformación.
Después aparecen quienes aseguran que absolutamente todo lo publicado por los medios independientes es mentira. Lo curioso es que, en determinadas ocasiones, transcurren tres o cuatro días y la prensa estatal termina informando sobre los mismos acontecimientos, aunque con detalles adicionales o una versión diferente. Entonces aquello que supuestamente era falso pasa a ser aceptado como verdadero porque apareció en un medio oficial. ¿Desde cuándo la verdad necesita la autorización de la televisión estatal para convertirse en verdad? Que una noticia se publique primero con información preliminar no significa necesariamente que sea falsa. El periodismo también consiste en informar sobre hechos en desarrollo, verificar nuevos testimonios y actualizar lo publicado conforme aparecen datos adicionales.
CubaHerald, como numerosos medios independientes, trabaja frecuentemente a partir de testimonios ciudadanos, imágenes, videos y denuncias de personas que presencian directamente los acontecimientos. No tenemos periodistas en cada esquina, un dron sobrevolando permanentemente toda Cuba ni una cámara mágica capaz de registrar cada detalle. En muchas ocasiones recibimos información fragmentada porque quienes nos contactan también enfrentan dificultades, temores y limitaciones para documentar lo sucedido. Eso nos obliga a distinguir lo confirmado de lo preliminar, investigar y corregir cuando sea necesario. No somos infalibles y jamás hemos pretendido serlo. Si publicamos información incorrecta, nuestra responsabilidad es reconocerlo, rectificarla y explicar lo sucedido. La credibilidad no consiste en no equivocarse nunca, sino en actuar con transparencia ante los errores.
Hay otro detalle que muchos desconocen. CubaHerald ha solicitado acreditación para ejercer el periodismo en Cuba en tres ocasiones y, según nuestra propia experiencia, esas solicitudes han sido rechazadas. Es difícil exigir a un medio independiente que obtenga todos los detalles sobre el terreno cuando no dispone de las mismas posibilidades de acceso que la prensa autorizada por las instituciones estatales. Aun así, seguimos trabajando porque los acontecimientos en Cuba no nos resultan ajenos. Nos preocupa cada familia que pierde su vivienda, cada paciente que denuncia falta de medicamentos, cada víctima de la delincuencia y cada ciudadano que lleva meses reclamando una solución sin recibir respuesta.
Tampoco podemos ignorar los ataques que reciben nuestras publicaciones. A las críticas legítimas se suman comentarios ofensivos, intentos de desacreditación y comportamientos que consideramos compatibles con campañas coordinadas de hostigamiento digital. Hemos denunciado reiteradamente la actuación de perfiles que atribuimos a estructuras de propaganda oficialista y a las llamadas ciberclarias, aunque no siempre es posible establecer quién administra cada cuenta. Pero hay algo que debe quedar claro: cuestionar una noticia con argumentos, aportar pruebas o solicitar una rectificación es completamente legítimo. Lo que no contribuye al debate es insultar, tergiversar deliberadamente o intentar silenciar una denuncia sin examinar su contenido.
Resulta igualmente preocupante que algunos ciudadanos parezcan exigirles a los medios independientes una perfección absoluta que rara vez reclaman a las instituciones responsables de los problemas denunciados. Se indignan por una fotografía de referencia, pero no muestran la misma indignación ante una familia que lleva meses viviendo entre aguas albañales. Discuten si una noticia contiene todos los detalles, pero olvidan preguntarse por qué ocurrió el accidente, quién debe responder por la falta de medicamentos o por qué una comunidad permanece tantos días sin electricidad. La función de la prensa no es resolver los problemas que corresponde atender a las autoridades; es investigarlos, documentarlos y ponerlos en conocimiento público.
La información independiente ha abierto espacios fundamentales para que los cubanos conozcan acontecimientos que, de otra manera, podrían permanecer ignorados o recibir una cobertura tardía. No pedimos aplausos ni agradecimientos obligatorios. Pedimos algo mucho más sencillo: que se lea antes de juzgar, que se critique con argumentos y que se comprenda el esfuerzo que implica informar en un entorno de tantas limitaciones. Tampoco pedimos que nadie crea ciegamente en CubaHerald. Al contrario, invitamos a nuestros lectores a contrastar los datos, señalar errores y ayudarnos a mejorar.
Lo verdaderamente triste sería que décadas de dificultades y desconfianza terminaran convirtiendo la resignación en una forma de vida. Ningún ciudadano debería acostumbrarse a ser maltratado ni considerar normal que sus derechos sean ignorados. Tampoco debería dirigir contra quienes hacen públicas las denuncias toda la indignación que merecen los problemas denunciados.
En CubaHerald seguiremos publicando, investigando, escuchando testimonios y rectificando cuando corresponda. No tenemos todas las respuestas, pero tampoco estamos dispuestos a guardar silencio ante los problemas que afectan a nuestro país. Porque Cuba nos importa, porque sus ciudadanos nos importan y porque el derecho a estar informado no debería depender de lo que un Gobierno decida contar.
CubaHerald — Editorial
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