El presidente Donald Trump se ha convertido en el mandatario estadounidense que más ciudadanos cubanos ha deportado en la historia reciente de Estados Unidos, de acuerdo con los datos disponibles de inmigración y los registros recopilados durante sus dos administraciones. El fenómeno adquiere especial relevancia en Miami y el sur de Florida, donde reside la mayor comunidad cubana fuera de la isla.
La magnitud de las deportaciones durante el segundo mandato de Trump es considerablemente superior incluso a la registrada durante sus primeros cuatro años en la Casa Blanca. Hasta abril de 2026, cerca de 8.000 cubanos habían sido expulsados de Estados Unidos desde que Trump regresó al poder en enero de 2025, según estadísticas de ICE citadas por The Guardian. Esa cifra ya representa más del doble de los 3.385 cubanos deportados durante su primer mandato, entre 2017 y 2021.



Los números obligan además a hacer una distinción importante: no todos esos ciudadanos han sido enviados directamente a Cuba. Una de las principales novedades de la actual estrategia migratoria es que Washington ha comenzado a deportar cubanos hacia terceros países, especialmente México, cuando La Habana no acepta su retorno o cuando existen otros mecanismos legales para ejecutar la orden de expulsión.
Solo entre enero de 2025 y marzo de 2026, 4.353 ciudadanos cubanos fueron deportados a México, convirtiéndose los cubanos en la nacionalidad más numerosa entre los migrantes de terceros países enviados allí por Estados Unidos, según un informe de Human Rights Watch basado en datos oficiales disponibles.
La diferencia respecto a administraciones anteriores resulta notable. Durante los ocho años de George W. Bush fueron deportados directamente a Cuba 416 ciudadanos cubanos, mientras que durante la presidencia de Barack Obama la cifra fue de 301, según estadísticas de ICE divulgadas en 2016.
Durante gran parte de ese período, deportar a ciudadanos cubanos presentaba dificultades particulares debido tanto a la política migratoria estadounidense como a las restricciones de La Habana para aceptar determinados retornos. Esa realidad comenzó a modificarse de manera sustancial en enero de 2017, cuando Obama puso fin a la histórica política de “pies secos, pies mojados” y Cuba aceptó recibir a ciudadanos sujetos a órdenes de deportación en determinadas circunstancias.
Trump llegó a la Casa Blanca pocos días después de ese cambio y durante su primer mandato incrementó significativamente las expulsiones de cubanos. Sin embargo, ha sido durante su segundo mandato, iniciado el 20 de enero de 2025, cuando la política de deportaciones ha alcanzado una dimensión sin precedentes para esta comunidad.
La Administración Trump ha convertido la inmigración irregular y las deportaciones masivas en uno de los ejes centrales de su política interna. La propia Casa Blanca asegura que más de 605.000 inmigrantes han sido deportados desde el regreso de Trump al poder, al tiempo que sostiene que aproximadamente 1,9 millones habrían abandonado voluntariamente el país. Estas cifras forman parte del balance presentado por el Gobierno para defender los resultados de su ofensiva migratoria.
El endurecimiento se observa también en las operaciones de ICE. Durante julio de 2026, la agencia realizó 49.571 arrestos y las deportaciones de inmigrantes de todas las nacionalidades rondaron las 34.000 en un solo mes, el nivel más alto registrado hasta entonces durante el segundo mandato de Trump.
Para los cubanos existe además una realidad que habría resultado prácticamente impensable hace apenas algunos años: ser deportados no necesariamente significa regresar a Cuba.
La Administración Trump ha ampliado acuerdos con terceros países para recibir extranjeros que Estados Unidos no puede devolver fácilmente a sus naciones de origen. Liberia, por ejemplo, acordó aceptar hasta 1.200 deportados de terceros países durante un período de 12 meses, y entre las nacionalidades contempladas se encuentran cubanos, venezolanos y colombianos.
Human Rights Watch documentó además casos de cubanos con años e incluso décadas viviendo en Estados Unidos que fueron detenidos durante citas rutinarias con ICE y posteriormente enviados a México. La organización sostiene que algunos quedaron en territorio mexicano sin una vía clara para regularizar su situación y con dificultades para acceder a vivienda, empleo y atención médica.
Uno de los datos más significativos es que aproximadamente el 78% de los cubanos enviados a México habían sido arrestados por ICE en Florida o Texas, con Florida representando por sí sola alrededor del 41% de esos casos.
La situación tiene un impacto particular en Miami-Dade y el sur de Florida. Durante décadas, la inmigración cubana mantuvo un tratamiento excepcional dentro del sistema migratorio estadounidense, mientras que hoy miles de ciudadanos de la isla con órdenes finales de deportación enfrentan posibilidades de expulsión mucho mayores que en administraciones anteriores.
El asunto también introduce una paradoja política dentro de una comunidad que ha respaldado ampliamente a Trump. Según datos electorales citados por The Guardian, aproximadamente el 68% de los cubanoamericanos registrados en Florida votaron por Trump en las elecciones presidenciales de 2024.
Los partidarios de la política migratoria de la Casa Blanca sostienen que una orden final de deportación debe ejecutarse independientemente de la nacionalidad del inmigrante y consideran que establecer excepciones para los cubanos sería incompatible con una aplicación uniforme de las leyes migratorias.
En el otro extremo, abogados de inmigración y organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes advierten sobre las consecuencias para personas que llevan años asentadas en Estados Unidos, tienen hijos estadounidenses o podrían enfrentar situaciones especialmente difíciles después de ser enviadas a Cuba o a países con los que no mantienen vínculos.
El debate, por tanto, ha cambiado profundamente. Durante décadas, para muchos cubanos llegar a territorio estadounidense significaba contar con una vía excepcional para permanecer en el país. En 2026, tener nacionalidad cubana ya no constituye una protección práctica frente a una orden definitiva de deportación.
Y los números muestran con claridad quién ha encabezado ese cambio: Donald Trump no solo incrementó las deportaciones de cubanos durante su primera presidencia, sino que en su segundo mandato ha llevado las expulsiones de ciudadanos de la isla a niveles nunca vistos en la historia reciente, incluyendo ahora deportaciones directas a Cuba y traslados hacia terceros países como México.
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