Gloria Lozano, una cubana de 75 años que asegura haber trabajado durante años como traductora de inglés en la Dirección de Seguridad Personal vinculada a Fidel Castro, ha llamado la atención en redes sociales después de aparecer visiblemente delgada y reconocer que no logra alimentarse adecuadamente.
La historia difundida en redes sociales, a partir de imágenes y declaraciones atribuidas a la propia mujer. En ellas, Lozano recuerda con afecto y orgullo su etapa al servicio del fallecido líder cubano, pese a que actualmente enfrenta una situación económica aparentemente muy distante de las condiciones asociadas a los círculos del poder en los que trabajó durante décadas pasadas.
Al ser preguntada por su evidente delgadez, la mujer responde de manera directa: “Es que no me alimento bien, figúrese”, una declaración que ha generado numerosos comentarios sobre las condiciones en las que sobreviven muchos adultos mayores en la Isla.
Durante la grabación, Lozano aparece además sosteniendo una barra de pan mientras conversa sobre su pasado. Aunque las imágenes por sí solas no permiten determinar cuál es su situación económica completa ni conocer los ingresos o ayudas que recibe actualmente, su aspecto físico y sus propias palabras apuntan a importantes dificultades para mantener una alimentación adecuada.
El caso resulta especialmente llamativo por la trayectoria que ella misma describe. Según su testimonio, trabajó como traductora de inglés dentro de la Dirección de Seguridad Personal, una estructura encargada durante años de la protección de las principales figuras del Gobierno cubano, incluido Fidel Castro.
La situación de Lozano vuelve a colocar en primer plano un problema mucho más amplio: la vulnerabilidad económica de numerosos jubilados y adultos mayores cubanos, cuyos ingresos han perdido capacidad adquisitiva frente al aumento de los precios, la escasez de alimentos y el deterioro general de las condiciones económicas del país.
Su historia adquiere además una dimensión simbólica. Una mujer que dedicó parte de su vida profesional a trabajar cerca de uno de los principales centros de poder de la Revolución cubana llega a los 75 años reconociendo públicamente que no se alimenta bien.
Para muchos de quienes han reaccionado al caso, la imagen plantea una contradicción entre las promesas históricas de protección social defendidas durante décadas por el sistema cubano y las dificultades que afronta actualmente una parte considerable de la población de mayor edad.
Más allá de las posiciones políticas que pueda despertar su pasado, el testimonio de Gloria Lozano retrata una realidad cada vez más visible en Cuba: llegar a la vejez con una pensión o ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas, incluida la alimentación.
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