La prolongada crisis en la recogida de basura en Cuba está dando paso a un fenómeno hasta hace poco poco habitual en la isla: ciudadanos, negocios privados e incluso entidades estatales comienzan a pagar directamente a proyectos locales y empresas para retirar los desechos ante las deficiencias del servicio público.
Uno de los casos más recientes se registra en Nueva Gerona, Isla de la Juventud, donde una MIPYME comenzó a ofrecer un servicio de recogida de residuos por 100 pesos mensuales por vivienda. De acuerdo con reportes publicados este lunes, los trabajadores realizan la recogida determinados días de la semana y trasladan los desperdicios mediante carretones hasta el vertedero.
Una fórmula similar ya funciona en La Rampa, en el municipio Plaza de la Revolución de La Habana, mediante el proyecto de desarrollo local “El Rampeño”. La iniciativa utiliza triciclos eléctricos para recoger residuos puerta a puerta y estableció una tarifa de 100 pesos mensuales para las viviendas. En el caso de MIPYMES, otros negocios privados y entidades estatales, el precio comienza en 15.000 pesos mensuales.



La aparición de estos servicios evidencia hasta qué punto una función tradicionalmente asumida por el Estado está comenzando a trasladarse, al menos parcialmente, a soluciones financiadas directamente por ciudadanos y empresas. Para numerosos hogares, el pago representa además un nuevo gasto destinado a cubrir un servicio básico que durante décadas estuvo incluido dentro de las responsabilidades de los gobiernos municipales.
El problema de los residuos sólidos se ha convertido en una de las imágenes más visibles del deterioro de los servicios públicos en varias ciudades cubanas. La Habana lleva años enfrentando dificultades para mantener una recogida estable, en medio de la escasez de combustible, neumáticos, piezas de repuesto y vehículos en condiciones técnicas adecuadas.
La magnitud del deterioro quedó reflejada en cifras divulgadas a comienzos de este año. En febrero de 2026, solo 44 de los 106 camiones recolectores disponibles en la capital estaban operativos, mientras la ciudad generaba diariamente entre 24.000 y 30.000 metros cúbicos de residuos sólidos, un volumen muy superior a la capacidad efectiva de recogida existente.
El resultado puede observarse en numerosos barrios de La Habana y otras localidades del país, donde los desechos permanecen durante días alrededor de contenedores desbordados, esquinas y solares. Además del deterioro urbano y los malos olores, la acumulación prolongada de basura representa un riesgo sanitario, especialmente por la proliferación de insectos, roedores y otros vectores.
La entrada de MIPYMES y proyectos locales en la recogida de residuos puede aliviar parcialmente la situación en determinados barrios, pero también plantea una cuestión cada vez más presente en Cuba: servicios esenciales que el Estado no consigue garantizar de manera regular terminan convirtiéndose en gastos adicionales para una población cuyo poder adquisitivo permanece severamente limitado.
Mientras no se recupere la infraestructura necesaria para garantizar una recogida sistemática, iniciativas como las de Nueva Gerona y La Rampa podrían extenderse a otras zonas del país, consolidando un modelo en el que mantener las calles libres de basura dependa cada vez más de la capacidad de vecinos y negocios para pagar por un servicio adicional.
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