El migrante cubano Yasmany Noel Moreno de Armas, de 31 años, terminó deportado por Estados Unidos a la República Centroafricana, un país africano con el que asegura no tener ningún vínculo y del que afirma que ni siquiera había oído hablar antes de conocer que sería enviado allí. El cubano vivía y trabajaba en Florida antes de ser detenido por las autoridades migratorias estadounidenses.
Desde Bangui, capital del país africano, Moreno de Armas relató a CBS News que él y otros deportados permanecen en una situación de enorme incertidumbre porque carecen de documentación que les permita desplazarse con normalidad o abandonar el territorio. “No nos podemos ir, no tenemos documentos”, explicó al medio estadounidense.
El cubano aseguró que no posee antecedentes criminales y que su historial se limita a infracciones de tránsito y asuntos migratorios. CBS News indicó que no encontró registros criminales adicionales en su revisión del caso.
Documentos judiciales estadounidenses muestran que Moreno de Armas fue detenido en mayo de 2025 y posteriormente recibió una orden de deportación. Una decisión de la Junta de Apelaciones de Inmigración en abril de 2026 dejó administrativamente firme esa orden, según consta en un proceso federal relacionado con su detención.
Moreno de Armas contó que conoció su destino africano cuando el operativo de deportación ya estaba en marcha. Según CBS, llegó a República Centroafricana a finales de julio junto a ciudadanos procedentes de diferentes países, entre ellos Ecuador, Honduras, Serbia, Rusia y Vietnam.
El cubano describe ahora una vida marcada por el miedo y la incertidumbre. Los deportados se encuentran en un país donde muchos no hablan los idiomas locales, carecen de familiares o redes de apoyo y desconocen las normas y la cultura, lo que dificulta considerablemente cualquier intento por comenzar una nueva vida o buscar una salida legal hacia otro territorio.
La República Centroafricana atraviesa desde hace años problemas de inseguridad, pobreza extrema e inestabilidad política. El Departamento de Estado estadounidense mantiene para el país una advertencia de viaje de máximo nivel debido, entre otros factores, a la violencia y la limitada capacidad para proporcionar asistencia consular fuera de determinadas zonas.
El caso forma parte de una estrategia estadounidense que permite trasladar a determinados migrantes hacia terceros países cuando su devolución al lugar de origen resulta difícil o existen otras limitaciones legales y diplomáticas. Según CBS News, Washington ha buscado acuerdos con más de 30 países para recibir deportados de otras nacionalidades.
En el caso de Moreno de Armas existe además un antecedente relacionado con Cuba. El migrante afirmó que anteriormente había sido encarcelado en la Isla después de un primer intento de salir del país, una circunstancia que, según su testimonio, alimenta sus temores sobre un eventual regreso.
La situación no significa técnicamente que Moreno de Armas haya perdido su nacionalidad cubana o sea apátrida, pero sí lo ha colocado, según su relato, prácticamente inmovilizado en un tercer país sin documentos suficientes, sin vínculos familiares y con escasas alternativas inmediatas para abandonar el territorio.
Su historia ilustra una de las consecuencias más controvertidas de las deportaciones hacia terceros países: personas expulsadas de Estados Unidos pueden terminar a miles de kilómetros tanto de su país de origen como de las comunidades donde construyeron su vida, mientras quedan pendientes interrogantes sobre su estatus legal, documentación y posibilidades reales de desplazamiento.
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