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Cuba arrasa en el Guinness… y no solo por los récords oficiales: también por su resistencia al calor, al apagón y al «invento» cotidiano

Personas bailando en la calle con camisetas blancas.

Record Mundial de la rueda de casino más grande del mundo, desarrollada en la Piragua, Plaza

Cuba, esa pequeña isla del Caribe famosa por su música, su ron y sus inolvidables sonrisas pese a todo, ha conseguido marcar huella en el Libro Guinness de los Récords. Pero atención: no todo está escrito en papel oficial. Más allá de los daiquirís de 275 litros y los saltos sobrehumanos de Javier Sotomayor, el verdadero récord nacional está en sobrevivir con gracia y sarcasmo a una vida cotidiana que parece diseñada por los guionistas de una comedia absurda… sin presupuesto.

Récord Mundial de Apagón Prolongado Sin Perder la Cordura (por ahora)

En las últimas semanas, zonas de Villa Clara, Matanzas y Santiago de Cuba han superado las 72 horas consecutivas sin electricidad. Sí, tres días. Más que una tormenta perfecta, parece un entrenamiento para colonizar Marte sin paneles solares. En respuesta, la población ha desarrollado una habilidad que debería ser deporte olímpico: preparar tres comidas al día con leña, viento y buena voluntad.

Una familia en Santa Clara logró cocinar arroz, calentar café y hacer un dulce de coco usando una parrilla armada con el espaldar de una cama soviética y dos bloques de concreto. Dicen que fue su mejor almuerzo en semanas.

El «alumbrón»: fenómeno nacional y evento festivo

¿Y cuando vuelve la electricidad? El «alumbrón» —como se le dice con cariño ácido— es un suceso breve, impredecible y emocionante. Dura lo que dura un pestañeo largo. Los cubanos han desarrollado reflejos felinos para aprovechar esos minutos: encender el ventilador, cargar todos los dispositivos, poner la lavadora, prender el televisor, y si queda tiempo, felicitarse mutuamente por el milagro.

Hay quien ha logrado en 15 minutos de luz lavar ropa, freír croquetas y ver el resumen del noticiero. Guinness, toma nota: multitarea bajo presión es una especialidad criolla.

Récords reales: porque no todo es sarcasmo… todavía

Y ahora… los récords extraoficiales (y bien cubanos)

También hay arte, ron y tabaco. Y más récords.

En 2012, el bar El Floridita preparó el daiquirí más grande del mundo: 275 litros, 80 botellas de ron, 30 litros de limón y 200 kilos de hielo. Un tributo a Hemingway, aunque muchos en Cuba pensaron: “¿Y eso dónde lo vendieron?”

José “Cueto” Castelar ha torcido habanos más largos que un ómnibus articulado: su último récord, en 2016, fue de 90 metros de puro tabaco, elaborado en honor al cumpleaños 90 de Fidel Castro. La gente en la cola bromeaba: “Con eso se pueden hacer 300 cigarros… o una cuerda para tender ropa.”

En música, Compay Segundo se convirtió en el artista más longevo en vender más de un millón de discos. Y lo hizo sin autotune, sin redes sociales y sin necesidad de bailar pegado a una bocina.

Y no olvidemos a la vaca Ubre Blanca

La inolvidable Ubre Blanca produjo más de 109 litros de leche en un día en 1982. Hoy en día, la hazaña es encontrar un litro de leche en la libreta. Si resucitara, la condecoraban con el Escudo Nacional.

Una isla pequeña… con récords inmensos (y nervios de acero)

Cuba no solo figura en el Guinness por sus atletas, sus habanos o su música. Lo hace, sobre todo, por su gente. La que se ríe del apagón mientras abanica a su hijo, la que convierte un motor ruso en ventilador y la que, con la luz de un celular al 9 %, termina de leer este artículo.

En resumen: Cuba, campeón mundial en creatividad forzada, sarcasmo refinado y supervivencia cotidiana. Y si no lo ha certificado Guinness, es porque no han tenido apagón allá. Aún.

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