La crisis en el sector aéreo cubano se ha agravado en el primer cuatrimestre de 2026, con una reducción significativa de vuelos internacionales debido a la escasez de combustible Jet A-1, afectando la conectividad del país y el flujo de pasajeros.
Varias aerolíneas han optado por suspender completamente sus operaciones hacia Cuba. Entre ellas destacan Air Transat, que canceló sus vuelos al menos hasta junio, Air France, que paralizó sus rutas desde inicios de año, y LATAM Perú, cuya conexión con La Habana permanece inactiva desde febrero.
En contraste, solo un grupo reducido de compañías continúa operando, aunque bajo condiciones excepcionales. Aerolíneas como American Airlines, Air Europa y Aeroméxico han mantenido sus rutas aplicando medidas de emergencia para sortear la falta de combustible en la isla.
Entre estas estrategias se encuentra el llamado “tankering”, que implica despegar desde sus países de origen con suficiente combustible para cubrir el trayecto de ida y regreso, lo que limita la capacidad de pasajeros y eleva los costos operativos. Otras compañías han implementado escalas técnicas en terceros países, como República Dominicana o Bahamas, para poder repostar, extendiendo la duración de los vuelos.
El impacto se extiende a toda la red aeroportuaria del país. Destinos clave como Varadero, Holguín y Santiago de Cubahan visto reducida su actividad, dependiendo en muchos casos de vuelos chárter o de operaciones limitadas, lo que afecta directamente al turismo y a la movilidad de la población.
Especialistas advierten que la situación responde a un problema estructural: la caída de suministros energéticos, las limitaciones financieras para adquirir combustible en el mercado internacional y la falta de capacidad interna para producirlo en volúmenes suficientes.
El resultado es un sistema aéreo operando bajo presión, con menos rutas disponibles, mayores costos y una incertidumbre creciente sobre la recuperación del sector en el corto plazo.
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