La Corporación CIMEX promociona en Cuba la venta del automóvil GAC GS3 por 27.000 dólares, una oferta que vuelve a poner sobre la mesa la enorme distancia entre los precios establecidos en divisas y los ingresos reales de millones de trabajadores cubanos. Para un empleado que dependa exclusivamente de un salario estatal, adquirir uno de estos vehículos resulta, en términos prácticos, económicamente imposible.
El contraste resulta particularmente contundente cuando se utilizan las propias estadísticas oficiales. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) situó el salario medio mensual de Cuba en 6.930 pesos durante 2025, frente a los 5.839 pesos registrados en 2024.
Al cambio informal de este 18 de agosto de 2026, cuando el dólar se cotiza alrededor de 665 pesos cubanos, ese salario promedio equivale a aproximadamente 10,42 dólares mensuales. A esa tasa, los 27.000 dólares que cuesta el GAC GS3 representan unos 17,95 millones de pesos cubanos.
La conclusión es difícil de ignorar: un cubano que recibiera 6.930 pesos mensuales necesitaría aproximadamente 2.591 salarios completos, equivalentes a unos 216 años de trabajo, para reunir los 27.000 dólares, suponiendo además algo imposible: que pudiera dedicar hasta el último centavo de su sueldo durante más de dos siglos exclusivamente a comprar el automóvil, sin gastar en alimentos, electricidad, transporte, medicamentos, ropa o vivienda.
La comparación resulta todavía más extrema para quienes reciben el salario mínimo. Desde julio, el nuevo mínimo salarial fue establecido en 3.210 pesos mensuales, según las medidas anunciadas por las autoridades laborales cubanas. Al valor actual del dólar en el mercado informal, esos 3.210 pesos representan apenas unos 4,83 dólares. Un trabajador en esa situación necesitaría aproximadamente 5.593 meses de salario, es decir, alrededor de 466 años, para alcanzar el precio del vehículo.
Incluso un empleado ubicado en el grupo más alto de la nueva escala salarial del sector presupuestado, fijado en 14.535 pesos mensuales, tendría unos ingresos equivalentes a menos de 22 dólares al cambio informal actual. Para pagar un automóvil de 27.000 dólares únicamente con ese salario tendría que destinar íntegramente sus ingresos durante más de un siglo.
El vehículo ofertado por CIMEX es un GAC GS3, equipado, según la información promocional divulgada, con motor turboalimentado de 1.5 litros y 174 caballos de potencia, transmisión automática de doble embrague y siete velocidades, capacidad para cinco ocupantes, pantalla táctil de 14,6 pulgadas, conectividad Apple CarPlay y Android Auto, frenos ABS, control electrónico de estabilidad, frenado autónomo de emergencia y hasta seis bolsas de aire. La garantía anunciada es de un año o 50.000 kilómetros.
Las unidades estarían disponibles en el Taller San Agustín, en La Lisa, La Habana, pero más allá de sus prestaciones técnicas, la pregunta inevitable es para quién están realmente concebidos estos automóviles dentro de una economía donde el salario de un trabajador común tiene un poder adquisitivo extremadamente reducido frente al dólar.
La comercialización estatal de bienes valorados en decenas de miles de dólares evidencia una contradicción cada vez más visible en Cuba: mientras los salarios continúan pagándose fundamentalmente en pesos cubanos, una parte creciente de los productos y servicios de mayor valor se comercializa directa o indirectamente en moneda extranjera.
El resultado es una economía en la que tener empleo y recibir un salario ya no garantiza necesariamente la posibilidad de acceder mediante el trabajo a determinados bienes. Para comprar un automóvil como este, la inmensa mayoría de los cubanos necesitaría disponer de remesas, ingresos privados, negocios, ahorros en moneda extranjera o recursos obtenidos fuera del circuito salarial estatal.
Por eso, el problema no es que un GAC GS3 cueste 27.000 dólares. El problema es preguntarse qué trabajador cubano que viva exclusivamente de su salario puede pagar 27.000 dólares. Las propias cifras ofrecen una respuesta demoledora: prácticamente ninguno.
La oferta termina convirtiéndose así en otra fotografía de la creciente brecha entre el país que cobra en pesos y el país donde cada vez más cosas importantes tienen precio en dólares.
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