Residentes de comunidades afectadas por el huracán Melissa han expresado su agradecimiento por la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos y distribuida directamente por la Iglesia católica a través de Cáritas Cuba, en un proceso que ha sido reconocido por su organización, control y atención a las familias damnificadas.
Las entregas incluyen arroz, frijoles, aceite, alimentos en conserva, productos de higiene y tabletas para purificar el agua. La asistencia ha llegado a localidades rurales del oriente cubano, algunas con graves problemas de transporte, falta de combustible y escaso acceso a servicios básicos.
En Hongolosongo, una pequeña comunidad cercana a El Cobre, en Santiago de Cuba, beneficiarios consultados durante la distribución agradecieron públicamente el donativo. Uno de ellos, cuya vivienda perdió el techo y sufrió daños en el baño durante el huracán, afirmó estar “muy agradecido” por los productos recibidos. Otro residente señaló que la ayuda es bienvenida sin importar su procedencia y reconoció que provenía del pueblo estadounidense.


La distribución ha estado acompañada en algunos lugares por consultas médicas, actividades para niños y otros servicios comunitarios. Testimonios e imágenes divulgados desde las zonas beneficiadas muestran entregas organizadas y directas, con filas de residentes previamente identificados y paquetes preparados para cada familia.
Cáritas Cuba ha tenido que superar importantes obstáculos logísticos derivados de la crisis energética. En algunas comunidades, los voluntarios han recurrido incluso a carretas de bueyes para trasladar los productos ante la escasez de gasolina y diésel. Pese a esas dificultades, la organización católica había distribuido casi la totalidad de los primeros tres millones de dólares aportados por Washington.
Desde el inicio del operativo, Cáritas informó que los bienes serían entregados gratuitamente y de manera directa por sus equipos, bajo principios de transparencia, protección y trato digno a los beneficiarios. El primer cargamento incluyó 528 módulos de alimentos y 660 paquetes de higiene destinados inicialmente a comunidades de Holguín.
El mecanismo ha llamado la atención porque evita la intermediación de las estructuras estatales cubanas y coloca la distribución en manos de parroquias, voluntarios y organizaciones humanitarias. El propio Departamento de Estado estadounidense consideró exitoso el primer operativo y anunció posteriormente otros seis millones de dólares mediante el mismo canal.
Washington también anunció un paquete adicional de 100 millones de dólares para Cuba. De ese total, 60 millones serían administrados por la Iglesia católica y 40 millones por organizaciones no gubernamentales consideradas confiables, con el propósito declarado de que la asistencia llegue directamente a la población.
Para numerosos cubanos, el desempeño de Cáritas demuestra que es posible distribuir recursos con mayor control, transparencia y cercanía a los damnificados cuando existen mecanismos independientes de supervisión. También evidencia la capacidad logística de la Iglesia católica, que ha conseguido llegar a comunidades aisladas pese a la falta de combustible y al deterioro del transporte.
La experiencia contrasta con las frecuentes denuncias ciudadanas sobre demoras, falta de información y escaso control en otras entregas de donaciones. Aunque la ayuda no resuelve la profunda crisis que atraviesa el país, para las familias que perdieron viviendas, alimentos y pertenencias representa un alivio inmediato y necesario.
Fuentes: Cáritas Cuba, Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, Embajada de Estados Unidos en La Habana, AFP y Martí Noticias, Imágenes Diario de Cuba.
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